Cruz de Borgoña

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Política

Teoría del poder político y religioso (extractos)

Louis de Bonald · 1796

Extractos de la obra fundamental de Bonald donde establece que el poder político y el religioso tienen un origen divino y que la sociedad precede al individuo.

Teoría del poder político y religioso en la sociedad civil, demostrada por el razonamiento y por la historia

Louis de Bonald, 1796

Extractos de la edición española (Madrid: Tecnos, 1988). Obra escrita en Heidelberg durante el exilio del autor, publicada originalmente en Constanza bajo el pseudónimo «M. de B…», y confiscada por el Directorio.


Discurso preliminar

En todo tiempo el hombre ha querido hacerse legislador de la sociedad religiosa y política y dar una constitución a la una y a la otra; ahora bien, yo creo que es posible demostrar que el hombre no puede dar una constitución a la sociedad religiosa o política, del mismo modo que no puede dar la pesantez a los cuerpos o la extensión a la materia, y que, lejos de poder constituir la sociedad, el hombre, por su intervención, no puede sino impedir que la sociedad se constituya a sí misma.

El hombre existe solo para la sociedad y la sociedad no lo forma sino para ella misma. El hombre debe, pues, emplear al servicio de la sociedad todo lo que ha recibido de la naturaleza y de la sociedad; y es en este sentido en el que se puede decir que la conservación del hombre por la sociedad, y de la sociedad por el poder, son los dos rasgos principales del pensamiento conservador.

La sociedad como naturaleza del hombre

La sociedad es la única naturaleza del hombre, entendida no como contrato sino como poder, y fundada en la historia como único principio de explicación y de justificación política. A diferencia del contractualismo, no es posible que los hombres se den un orden social como consecuencia de convencionalismos o acuerdos entre individuos; la sociedad tiene una constitución natural, no creada por el hombre, sino descubierta a través de la historia y la razón.

Las sociedades naturales, religiosas y físicas, son reuniones de seres semejantes por leyes o relaciones necesarias de voluntad común. Las relaciones son necesarias, no contingentes; emanan naturalmente de Dios, no de pactos contractuales.

Los tres fundamentos de toda sociedad

No hay sino una sola concepción natural de la sociedad. Tres son las bases sobre las que se funda toda doctrina social y que definen a toda sociedad: religión pública, poder único y distinciones sociales permanentes.

Este orden trinitario se manifiesta en todos los ámbitos: en la familia — padre, madre, hijo; en el ordenamiento social — gobierno (autoridad), empleado (ministerio), súbdito; en la sociedad religiosa — Dios, el sacerdote, el fiel. Es una constitución natural que el hombre no crea, sino que descubre.

Sobre las leyes

Las leyes son las relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas. Las leyes fundamentales de una sociedad constituida no son sino expresión de ese orden natural. Los hombres no tienen, pues, leyes nuevas que hacer en una sociedad constituida; la naturaleza misma legisla a través de la costumbre y la necesidad.

Un verdadero poder legislativo no necesita crear continuamente leyes nuevas en las sociedades establecidas. La proliferación de leyes es signo de desorden, no de orden; de debilidad, no de fuerza.

Contra la división de poderes

El poder judicial no es, propiamente hablando, un poder: la facultad de juzgar es, en cierto modo, nula. En las repúblicas, el cuerpo legislativo que ejerce la soberanía no puede separarse significativamente del poder ejecutivo; su distinción permanece puramente ideal.

Sobre la democracia y la monarquía

La democracia es plataforma de la confusión de personas, sin herencia y sin fijeza. El hombre abandona la constitución natural de la sociedad por efecto de sus pasiones, abandonando la monarquía y llegando a la democracia.

Las repúblicas perecen por la corrupción moral de los individuos; las monarquías perecen por la corrupción profesional. El honor es el principio operativo de la monarquía, funcionando como la virtud propia de cada profesión y común a todas las profesiones. La asociación de catolicismo y monarquía es un proceso natural.

La Revolución como consecuencia

La Revolución Francesa fue el resultado de los ataques contra la religión y la metafísica — dos pilares esenciales para la supervivencia de toda sociedad. Es la consecuencia lógica de la filosofía moderna que, pretendiendo emancipar al hombre de toda autoridad, lo ha privado de todo fundamento.

La Modernidad y la Revolución son tentativas humanas de legislarse a sí mismas, contrarias al orden natural divino. Cuando el hombre pretende constituir la sociedad en lugar de recibir su constitución, la destruye.

La religión como fundamento metapolítico

Existe una estrecha relación entre las formas políticas y la religión. La religión católica proporciona el fundamento metapolítico que legitima y a la vez limita el poder político. Dios es el creador del orden social y político; toda autoridad legítima participa de la autoridad divina y está limitada por ella.

Devolver a Dios su lugar en la sociedad; devolver al rey su lugar en el Estado; devolver al padre su lugar en la familia: he aquí todo el programa de la restauración.


Louis de Bonald, Théorie du pouvoir politique et religieux dans la société civile, démontrée par le raisonnement et par l'histoire, 1796. Extractos de la edición española: Tecnos, Madrid, 1988.