Política
Sobre el gobierno de los príncipes (extractos)
Santo Tomás de Aquino · 1267
Extractos del tratado político de Santo Tomás donde establece los principios del buen gobierno según la ley natural y la razón.
Sobre el gobierno de los príncipes (De Regimine Principum)
Santo Tomás de Aquino, ca. 1267
Necesidad del gobierno
Es necesario que entre los hombres haya algo que los gobierne. Porque si muchos hombres vivieran juntos sin que ninguno cuidara del bien común, cada uno buscaría su propio interés y la multitud se disgregaría, a no ser que hubiese alguien que se encargase del bien del conjunto, del mismo modo que el cuerpo del hombre y de cualquier animal se desintegraría si no hubiese en él una fuerza directiva común que procurase el bien de todos los miembros.
La monarquía como mejor gobierno
El mejor gobierno es el de uno solo. La razón es la siguiente: el gobierno existe para procurar el bien común, y el bien común exige unidad. Así como en lo natural vemos que el que mejor gobierna es uno solo — en el cuerpo, el corazón; en el alma, la razón —, así también en la sociedad, el gobierno de uno solo es el más apto para procurar la unidad y, por tanto, el bien común.
El tirano y el rey
Grande es la diferencia entre el rey y el tirano. El rey busca el bien del pueblo; el tirano busca su propio bien. El rey gobierna según la justicia; el tirano gobierna según su capricho. El rey es amado; el tirano es temido.
Sin embargo, la tiranía de uno solo es preferible a la tiranía de muchos. Porque donde muchos tiranizan, las discordias son mayores, los males se multiplican, y no hay a quién recurrir. En cambio, la tiranía de uno solo puede ser más fácilmente resistida o soportada.
El fin último del gobierno
El fin último del gobierno no es la prosperidad material, ni la paz terrena, ni siquiera la virtud natural. El fin último del gobierno es conducir a los hombres a su fin último, que es Dios. Todo gobierno que aparta a los hombres de Dios, por próspero que sea, ha fracasado en su misión.
Por eso el gobierno del rey debe estar subordinado al gobierno del sacerdote, y el gobierno del sacerdote al gobierno del Sumo Pontífice, vicario de Cristo. Porque así como el fin temporal está subordinado al fin espiritual, así el poder temporal debe estar subordinado al poder espiritual.
Santo Tomás de Aquino, De Regimine Principum, ca. 1267.