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Homilía contra los espectáculos y los juegos del circo

San Juan Crisóstomo · 390

Homilía donde el Crisóstomo condena la degradación moral de los espectáculos públicos y llama a los cristianos a la sobriedad.

Homilía contra los espectáculos y los juegos del circo

San Juan Crisóstomo, ca. 390


¿A dónde vas, cristiano? ¿Al circo? ¿Al teatro? ¿Qué buscas allí? ¿Diversión? ¿Placer? Pero el cristiano no busca el placer de este mundo; busca el gozo de Dios.

Los espectáculos corrompen el alma

Los espectáculos del circo son escuelas de inmoralidad. Allí se aprende la crueldad, viendo a los hombres despedazarse unos a otros. Allí se aprende la lujuria, viendo a las mujeres exhibirse sin pudor. Allí se aprende la vanidad, admirando a hombres que no tienen más mérito que la fuerza bruta.

¿Quién entra puro al teatro y sale puro del teatro? Nadie. Los ojos ven lo que no deben ver; los oídos oyen lo que no deben oír; el corazón desea lo que no debe desear. Y después de todo esto, ¿vienes a la iglesia a orar? ¿Con qué ojos mirarás a Dios, si tus ojos están llenos de imágenes impuras?

La verdadera diversión del cristiano

El cristiano tiene su espectáculo: la creación de Dios. Mira el cielo, y verás un espectáculo más grandioso que todos los circos del mundo. Mira el mar, y verás una obra más admirable que todas las obras de los hombres. Lee las Escrituras, y encontrarás historias más apasionantes que todas las fábulas del teatro.

¿Quieres música? Canta los salmos. ¿Quieres compañía? Ve a la iglesia. ¿Quieres emoción? Medita en la Pasión de Cristo, que es el drama más grande de la historia.

Sobre la responsabilidad

No me digáis que todo el mundo va al circo, que es la costumbre, que no hay nada malo en ello. La costumbre no hace ley; y la mayoría no tiene razón. Si todo el mundo salta al abismo, ¿saltarás tú también?

El cristiano no sigue al mundo; sigue a Cristo. Y Cristo no fue al circo; fue al Calvario. Cristo no buscó el placer; buscó la salvación de nuestras almas. ¿Y tú, que te llamas cristiano, buscas el placer del mundo?

Hermanos, os lo ruego: abandonad los espectáculos. Volved a vuestras iglesias, a vuestras familias, a vuestras oraciones. Allí encontraréis la verdadera alegría, la alegría que no pasa, la alegría que no avergüenza.


San Juan Crisóstomo, ca. 390.