Fe
Catolicismo romano y forma política (extractos)
Carl Schmitt · 1923
Extractos donde Schmitt analiza la Iglesia Católica como la forma política más perfecta, capaz de abarcar todas las oposiciones.
Catolicismo romano y forma política (extractos)
Carl Schmitt, 1923
La complexio oppositorum
La Iglesia Católica es una complexio oppositorum. No parece haber oposición que ella no abarque. Desde hace mucho tiempo se ha alabado y censurado su unión de lo humano y lo divino, de lo alto y lo bajo, de lo simple y lo complicado.
Es un imperio mundial y, sin embargo, solo un sacerdote puede liderar una parroquia. Es la más antigua y conservadora de las instituciones, y al mismo tiempo la más flexible. Predica la mansedumbre y la paz del corazón, y sin embargo los Papas han dirigido ejércitos. Es accesible a los más simples y exige al mismo tiempo el más alto refinamiento intelectual.
La representación
Lo que distingue a la Iglesia de cualquier otra organización es su capacidad de representación. La Iglesia representa algo que trasciende a todos sus miembros individuales; representa a Cristo mismo en la tierra. Esta representación no es simbólica ni ficticia; es una representación real, personal, concreta.
El parlamentarismo moderno pretende también representar al pueblo; pero esta representación es abstracta, impersonal, vacía. El diputado no representa realmente a nadie; es un mandatario sin mandato, un representante sin representado. La representación católica, por el contrario, es real porque tiene un contenido concreto: la persona de Cristo.
Forma y sustancia
La superioridad política de la Iglesia Católica reside en su capacidad de dar forma a la vida humana. Forma, en el sentido católico, no es una apariencia exterior; es la expresión visible de una realidad interior. La liturgia, los sacramentos, la jerarquía: todo esto es forma, y toda esta forma tiene sustancia.
El mundo moderno ha perdido la capacidad de dar forma. Sus instituciones son mecanismos, no formas; sus constituciones son documentos técnicos, no expresiones de un orden. Solo la Iglesia conserva la capacidad de dar forma verdadera a la existencia humana.
Contra el pensamiento económico
La era moderna es esencialmente económica. Todo se reduce a categorías económicas: producción, consumo, mercado, eficiencia. Pero la política no es economía; y la existencia humana no se reduce a la producción y el consumo.
La Iglesia Católica, con su desprecio por la mentalidad puramente económica, representa un principio diferente: el principio de que hay valores que no se compran ni se venden; de que hay una dignidad que no tiene precio; de que hay un orden que no se mide en dinero.
Carl Schmitt, Catolicismo romano y forma política, 1923.